martes, 30 de octubre de 2012

Mi Cuerpo

1. ¿Puedo hacer lo que quiera con mi cuerpo? Uno puede hacer con su cuerpo y con su alma muchas cosas, pero no todas serán acertadas. Podemos escoger, pero esas elecciones no son indiferentes: cada decisión nos mejora o empeora. Una persona puede suicidarse o drogarse, pero no debe hacerlo. Uno puede mutilarse o emborracharse, pero no debe hacerlo (libertad).

2. ¿Pero mi cuerpo es mío, y hago con él lo que quiero?
Ante esto surge una pregunta: ¿Realmente quieres perjudicarte a ti mismo? El cuerpo forma parte de nosotros, no es algo exterior a uno: somos alma y cuerpo al mismo tiempo. Así, dañar al propio cuerpo es dañarse a sí mismo. El perjuicio para el cuerpo es perjuicio de la persona. El respeto y dignidad del cuerpo son respeto y dignidad para la persona.

3. El motivo principal para respetar el cuerpo es la gloria de Dios:
Quien respeta su cuerpo trata bien algo que Dios ha creado. Y al revés, quien desprecia su cuerpo ofende al Creador, pues descuida algo que Él aprecia. El Señor ama a cada persona y los daños a cada uno son ofensas a Dios.

4. ¿Conviene conceder al cuerpo todo lo que desea?
No, no. Eso sería un deterioro serio para la persona: Muchas veces deseamos cosas equivocadas. Debemos distinguir si lo que apetece es realmente bueno o no.
Quien se concede todos los gustos (placeres
) se vuelve flojo y caprichoso. Para que la voluntad no se debilite ni sea esclava de las apetencias, conviene entrenarse a dominar el propio cuerpo.

"Entonces dijo Jesús a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Mt 16,24).
"Todo me es lícito, mas no todo conviene; todo me es lícito, mas no todo edifica." (1 Cor. 10:23.) No todo lo que lo que nos es permitido hacer trae muchas veces bendición. Lo que satisface a la carne no siempre es bueno y a la larga nos aparta de Dios

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