viernes, 15 de marzo de 2013

Suspiros y Gemidos

Los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre.Y oyó Dios el gemido de ellos. Éxodo 2:23-24.

Una creyente que padecía un cáncer muy avanzado se quejaba ante un siervo de Dios que solía visitarla, diciendo: – A veces me siento tan mal que ni siquiera puedo pensar ni orar. Bajo la influencia de medicamentos que calman el dolor es imposible concentrarme:
– Pero usted todavía puede suspirar y gemir, repuso el visitante:

– Oh, sí, a menudo esto llena mis días, dijo la enferma:

– Entonces no se preocupe. Puede estar segura de que sus suspiros llegan a los oídos y al corazón de Dios tanto como sus oraciones hechas de la mejor manera, la alentó su interlocutor.

Ante Dios, un sincero suspiro tiene más valor que una oración superficial o rezada mecánicamente. Cada vez que abrimos nuestro corazón al Señor, podemos estar seguros de que él oye y entiende nuestros gemidos y suspiros.

¡Cuán maravilloso es poder relacionarnos con nuestro Padre celestial! Cuando estamos bien de salud y nuestra mente está clara, somos capaces de presentar nuestros pedidos en oración con palabras pensadas previamente. Pero cuando estamos enfermos y demasiado débiles para pensar razonablemente, es un consuelo saber que Dios oye los gemidos de quienes lo aman.

Él conoce nuestros corazones, además el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles (Romanos 8:26).

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