jueves, 25 de octubre de 2007

El Altar de la Confesión

"Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz que clamaba, y la casa se llenó de humo. Entonces dije: ¡ay de mi! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos".
Isaías 6:1-5


Cuando nos ace rcamos al trono de Dios y reconocemos su presencia, el pecado nos confronta y pesa en nuestra mente. Tras una confrontación tan divina, es adecuado confesar nuestros pecados, tal como lo hizo Isaías cuando experimentó la gloria de Dios.

Antes de la muerte de Cristo se ofrecían sacrificios en un esfuerzo por espiar o reparar el pecado del pueblo. Se ofrecían ofrendas de sangre sobre un altar. Hoy día no es necesario ofrecer un animal para obtener el perdón de pecados. Cristo se ofreció a sí mismo como sacrificio por ti para que se perdonaran tus pecados. 1ª de Juan 1:8-10, dice: "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para personar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros".

Al confesar, tu permites que Dios te examine el corazón, y así Él te muestra lo que te separa de Él, es decir, las barreras que te impiden una plena experiencia con Dios. No es posible disfrutar de una comunión absoluta con el Padre si en tu vida hay pecado sin confesar. Las hermosas palabras del Salmos 139 ilustran la actitud adecuada para la confesión.

"Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón;
pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay
en mí camino de perversidad, y guíame
en el camino eterno".
Salmos 139:23-24

El salmista muestra una actitud de sinceridad al pedirle a Dios que le revele si en él hay algo ofensivo que impida su crecimiento. La función del Espíritu Santo es persuadinos de aquello que ofende la santidad de Dios. No es necesario adivinar lo que podría ser pecado en la vida de uno. Si tu te sometes a la dirección divina, el Espíritu Santo te mostrará las cosas que ofenden a Dios.

El Padre desea que confieses tu pecado para ha cer lo que te ha prometido: Perdonarte y limpiarte. Tu te mientes a tí mismo cuando dices no tener pecado. El Padre al cual tu oras conoce el pecado que hay en tu corazón. Confesar tu pecado hace que te sientas mejor, sin embargo, ese no es el propósito. El propósito es restaurar tu comunión con Dios.

Asímismo, como lo señala Salmos 66, Dios no escucha tus oraciones si sigues aferrado a tu pecado, rehusándote a reconocerlo y confesarlo. La confesión del pecado de tu vida es el siguiente paso valioso hacia tu comunión con el Padre mediante la oración.

"Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad,
el Señor no me habría escuchado.
Mas ciertamente me escuchó Dios;
Atendió a la voz de mi súplica".
Salmos 66:18-19

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