miércoles, 3 de septiembre de 2008

El Dolor de Confesar

Por cuanto la verdad acerca de mí mismo es humillante, dame el valor para hablar de ella en tu presencia
Oh misericordioso Dios, penitente y contrito abro, ahora, mi corazón ante ti. No permitas que pretenda ocultarte algo de mí mientras oro. Por cuanto la verdad acerca de mí mismo es humillante, dame el valor para hablar de ella en tu presencia. Haz que no me avergüence de confesar lo que no creí que fuera vergonzoso cometer. Usa este dolor de la confesión como un medio para aborrecer los pecados confesados.

Confieso haber cometido pecado de ociosidad en esto?? y en esto??

Confieso haber cometido pecado de vanidad en esto ?? y en esto??

Confieso haber cometido pecado de indulgencia con la carne en esto ?? y en esto??

Confieso el hábito de falsedad en esto?? y en esto??

Confieso no haber pronunciado palabras de caridad en esto?? y en esto??

Confieso haber albergado este?? y este?? pensamiento de maldad:

Confieso haber optado por una dirección errada en mi vida en cuanto a esto?? y a esto??

Confieso haber dejado la fidelidad en la práctica de mi fe en cuanto a esto?? y a esto??

Oh tú, cuyo amor mora en el corazón del hombre como un fuego que consume todo lo que es vergonzoso y malo, permíteme hacer mías tu perfecta justicia y sabiduría. Borra mis transgresiones y mis pecados. Pon tu mano en mi vida, limpia las huellas de pasados delitos. Libérame de malos hábitos, y llena de pureza mi corazón, para que mis pasos perseveren en el camino de la vida eterna. Cuídame en la batalla, oh Dios, contra mis pecados secretos.

Fortalece mi vida con murallas de costumbres dignas y haz que la fe en Cristo se aposente en toda intención de mi corazón. Todo esto lo pido por amor de su santo nombre. Amén.

Tomado de Celebrando a diario con el Rey, de W. Glyn Evans

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