domingo, 14 de septiembre de 2008

Hablando de Dios en «Lenguaje de Joven»

por Rusty Wright
A partir del relato de una de sus experiencias como conferencista en una universidad secular, el autor nos comparte algunas lecciones para lograr alcanzar una comunicación efectiva con grupos de jóvenes seculares; lecciones relacionadas con el contacto uno a uno, pequeños grupos, y el hablar en público.

«¿Qué me dice de este escenario para dictar una conferencia?»
El piso de la terraza está mugroso, cubierto con rastros de cerveza rancia, recuerdo de la alocada fiesta del fin de semana. Resulta obvio que ni siquiera una cucaracha con dignidad quisiera vivir en la cocina adyacente. En las paredes cuelgan, medio torcidos, algunos retratos de miembros. Los estudiantes van entrando al comedor. Se levanta un murmullo agitado mientras sesenta jóvenes conversan y bromean amigablemente. Entonces, el líder pide atención: «Bienvenidos a la reunión fraternal de la asociación de estudiantes».
Lo primero en la agenda del día es el breve discurso del presidente, el cual es un irreverente ataque de condena contra dos asociaciones estudiantiles de la misma universidad y contra un administrador de esa institución. En seguida, un funcionario llama la atención a algunos de los miembros por su desinterés en la reunión. Un fuerte golpe del martillo despierta a un «hermano» de la fraternidad, quien responde con un gesto obsceno. El presidente confiesa que está estresado y que anhela ver la hora en que tomará sus vacaciones de primavera para poder embriagarse y acostarse con algunas muchachas que no conoce. Unos minutos más tarde presenta al orador, que ha venido a hablar de la hermandad.

Al levantarse para dar su charla, quizá piensa: «Me desvelo por conseguir apoyo, y… ¿para esto?»

A algunos amigos, obreros cristianos que trabajan en el campus de la Universidad de Miami, se les autorizó que me invitaran a dictar una conferencia en esa fraternidad. Ken y Roberto estaban muy entusiasmados con la idea de evangelizar a la comunidad griega de este recinto universitario. Por supuesto, los miembros de fraternidades y hermandades no tienen preferencia por Dios. Pero los griegos son líderes en muchos recintos universitarios, y gozan de amplias oportunidades de ejercer gran influencia a favor de Cristo. Muchas veces viven juntos, y esto facilita la creación de grupos pequeños de estudio bíblico y el discipulado. Ken era miembro de esa fraternidad en otro campus, como yo, pero sus relaciones en el capítulo de Miami nos abrieron puertas. Le rogamos a Dios que obrara a través de esta reunión.

El chiste con el que me introduje resultó un desastre; pero percibí que las historias e ilustraciones acerca del arte de la comunicación, la resolución de conflictos, y el amor fraternal llegaron a mi audiencia, se reían y parecían estar disfrutándolo. El consejero de este capítulo me había informado que los conflictos internos estaban perjudicando a sus jóvenes. Después de dar mi charla, me sentí convencido de que el Espíritu Santo estaba actuando. Había arreglado esta presentación sobre este tema para este público, en este momento específico. Me gustaría ofrecerle un vistazo de lo que sucedió esa noche, he aquí extractos de lo que esos jóvenes escucharon:

El viaje de «Tiro por la culata» y «Cociente de amor fraternal»

Les referí este incidente: durante mi primer año de estudios universitarios, dos estudiantes que estaban por afiliarse y yo llevamos de viaje a un hermano mayor de la fraternidad (un estudiante que fungía de mentor). Tomamos prestado su auto (él era muy generoso), lo llevamos a comer en un restaurante, y luego manejamos a un lugar remoto donde habíamos planeado dejarlo plantado. Todo iba saliendo conforme a los planes hasta que llegamos a nuestro destino. De alguna manera nos enfrentó y dominó, agarró las llaves del auto, y se fue, dejándonos plantados a nosotros. Por supuesto, nos ardía la cara de vergüenza. Pero al fin, su perdón nos calmó.

De la misma manera, estos jóvenes a quienes me dirigía podían perdonar un daño ocasionado por otra persona, pero a la vez preocuparse lo suficiente como para enfrentarse a otras cuando fuere necesario. No es muy fácil mantener un equilibrio entre la verdad y la gracia.

Algunas preguntas los ayudaron a analizar sus actitudes y el cociente del amor fraternal:

1. ¿Qué tan a menudo me sirvo del sarcasmo mordaz?
2. ¿Cómo me comporto con los miembros que no participan muy activamente?
3. ¿Participo como debiera en las actividades del capítulo? ¿Qué actitud asumo?
4. ¿Cómo reacciono ante un hermano que vota en contra de mi candidato favorito (futuro miembro)?
5. ¿Cómo me relaciono con un candidato a quien no le extendimos la invitación de afiliarse a la fraternidad? Y cuando los veo más tarde en el campus, ¿los saludo amigablemente? ¿O todo ocurrió sólo durante el tiempo de afiliación?
6. Estoy locamente enamorado de una linda chica en la clase de química. Otro miembro de mi clase también quiere conquistarla... y tiene una cita esta noche. ¿Qué siento hacia ese hermano?

El número seis puede ser la máxima prueba del amor fraternal.

¿De dónde sacamos esa fuerza interior para amar y aceptar a otros incondicionalmente? Dije a los jóvenes que conforme luchaba con esta pregunta algunos amigos me sugirieron que considerara la dimensión espiritual. Al entregar mi vida al Señor, como joven estudiante, aprendí que Dios puede darnos fuerza interior para mejorar la vida y las relaciones.
Los jóvenes parecían estar bastante atentos y me aplaudieron. ¿Había penetrado su corazón el Espíritu Santo? Los comentarios escritos de algunos de ellos me dieron ciertas pistas:
  • «Dio en el blanco»
  • «Muy bueno, pero un poco idealista en mi opinión»
  • «Si no hubiera estado enterado, creería que has vivido aquí durante meses. Estás muy informado de los pormenores de la vida en fraternidad, y diste en el clavo. Especialmente me gustó lo que dijiste acerca de la situación en que dos hermanos estaban enamorados de la misma chica [sic]; algo que sucede más frecuentemente de lo que quisiéramos admitir. Muchas gracias»
  • «Aburrido»
  • «Muy sincero. No soy una persona muy espiritual. Pero tenía sentido lo que dijiste».
  • «Me leíste el pensamiento»
  • «Me interesaría recibir tus artículos y más información acerca de la fraternidad»
  • La arrogancia, la ira y la lujuria a veces esconden corazones vacíos y heridos.

Ken continuó su ministerio en esa casa. Dos años más tarde, el capítulo se reunió a las once de la noche para oír acerca de la perspectiva cristiana del sexo. Cuando mi anfitrión y yo nos despedimos después de medianoche, varios de los jóvenes nos siguieron; los inquietaban preguntas muy conmovedoras. La casa de los bullangueros no era un santuario, pero Dios hizo su obra.

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