lunes, 6 de octubre de 2008

Venciendo Obstáculos

La insólita acción de estos cuatro amigos revela, para nosotros, una convicción digna de imitación
Texto Bíblico base: Marcos 2:1-12

Imagine cómo se pueden haber sentido los cuatro amigos del paralítico. Quizás, ante la noticia de la llegada de Jesús al pueblo, se habían entusiasmado entre ellos hablando de lo bueno que sería que su amigo pudiera tener un encuentro con esta persona que, según decía todo el mundo, obraba increíbles milagros. Claro, las probabilidades de que el Maestro de Galilea pasara cerca de donde estaba él eran remotas. Además, siempre iba acompañado de inmensas muchedumbres. Entonces, uno de ellos sugirió que lo podrían llevar, entre los cuatro, hasta donde estaba Jesús. Entusiasmados por la idea fueron a buscarlo, y salieron juntos rumbo al lugar donde se encontraba la multitud.

¿Se imagina la desilusión que sintieron al ver el mar de personas que rodeaban la casa donde se alojaba el Nazareno? Habían esperado que él estuviera al aire libre, para facilitar un poco las cosas, pero ¡estaba dentro de la casa! Siempre que emprendemos un nuevo proyecto, nos encontraremos con obstáculos. Este es un hecho de lo más común en la vida y, a decir verdad, comenzaríamos a sospechar si es que todo se nos presenta demasiado fácil. El tema no es encontrar el camino sin obstáculos, sino demostrar habilidad y destreza a la hora de sortear las dificultades.

«Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, quitaron parte del techo de donde él estaba y, a través de la abertura, bajaron la camilla en que yacía el paralítico.»
La insólita acción de estos cuatro amigos revela, para nosotros, una convicción digna de imitación. Estos cuatro creían, «a muerte», que Jesús tenía lo que el paralítico necesitaba. Se había apoderado de sus corazones una certeza de que, finalmente, habían encontrado la solución para la dificultad de su amigo.

Esta convicción es una parte fundamental de la manera que nos acercamos a Cristo. En tantas ocasiones he escuchado a personas decir «lo único que me queda es orar». Pero no lo dicen con esa confianza, a prueba de fuego, de que esta es la única opción para los que están en luz. Lo dicen con la resignación de quienes antes probaron muchas otras alternativas. Aún ahora, no están convencidos de que esta es la solución, pero en el momento no se les ocurre otra alternativa. A ellos, Santiago dice «que pidan con fe, no dudando nada, porque los que dudan son semejantes a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra» (Stg 1.6).
Es por esto que no estaban dispuestos a darse por vencidos. En cuántas ocasiones, durante el tiempo que compartió con los discípulos, Jesús les habló de lo importante que es la perseverancia. Les refirió la historia del hombre que fue a su vecino para procurar comida para las visitas. Les habló de la viuda que «cansó» al juez injusto con sus reclamos. Es que esta es una de las marcas del discípulo maduro, que está dispuesto a perseverar hasta obtener una respuesta. En el camino, no se da por vencido aún cuando lo que busca aparentemente es inaccesible.
Lea de nuevo el relato. ¿Cómo reaccionó Jesús? ¿Cuál es la fe que observó? ¿Por qué dudaron los que estaban presentes?

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