miércoles, 18 de noviembre de 2009

El León, La Bruja y el Ropero

Supe de Las Crónicas de Narnia después de expectar en pantalla grande la archi publicitada primera entrega de Disney, El león, la bruja y el ropero. El cronista era mi hermano C. S. Lewis, por lo tanto, imperdible al cuadrado. Ahora acabo saborear la versión escrita, y me resultó más interesante aún. Pude masticar la historia, caminar en plena digestión, y resaltar sus detalles proféticos (anuncio de Jesucristo).
Por ejemplo:
La venida del redentor: El león está a punto de regresar y retomar el reino. La presencia del hijo de Adán e hija de Eva marcan la hora.
El papel del traidor: El niño Edmund ofrece entregar a los suyos, a cambio de saborear más delicias turcas.
La muerte sustitutoria: Está estipulado que el traidor debe morir. Aslan, el león, se ofrece como sustituto satisfactorio.
La resurrección: También está estipulado que cuando la víctima es inocente, la misma muerte retrocede.
C. S. Lewis no sólo fue un gran cuentista; fue un "cuentista con propósito" (anunciar a Cristo y su obra redentora, sin parecer religioso). Los cuentistas cristianos aún de pie debemos aprender esto.

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