miércoles, 23 de mayo de 2012

RDL-Juvenil


La RDL Juvenil tiene la finalidad de ayudar a conocer de Cristo y parecerse más El, en donde se crecer en la relación con Dios y se capacitar a los jóvenes para que sea   vea la efectividad de la labor dentro del ministerio.

Para nosotros el discipulado es una columna sobre la que se apoya gran parte de nuestra labor. Cuando el Señor comisionó a sus discípulos, los envió a hacer discípulos, como dice Mateo 28:19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Que cada persona busque la presencia de Dios como su mayor tesoro, goce de ese encuentro y aprenda a compartirlo con otros. Desarrollar creyentes llenos del Espíritu Santo, que sean obedientes a la palabra de Dios.

¿Qué esperamos de un discipulador?
En primer lugar, que se mantenga siempre enseñable, es decir, que nunca deje de ser un discípulo. Luego, que sea capaz de:

1. Modelar: Vivir una vida cristiana consecuente, de manera que el discípulo pueda encontrar un modelo a imitar y pueda medir la realidad de lo que se le ha enseñado.

2. Enseñar: Tener un conocimiento de la Escritura suficiente que le permita trazar bien la verdad y ofrecer respuesta a las preguntas fundamentales de la vida. No todo creyente tiene el don de la enseñanza, pero creo firmemente que todos debemos estar preparados para explicar lo que creemos y poder aplicarlo a las circunstancias cotidianas. Es importante que conozca nuestros valores distintivos y que los comparta plenamente.

3. Aconsejar y orientar: Si uno conoce al Dios de las Escrituras, seguro podrá ofrecer consuelo en momentos de aflicción y ayudar a recordar los principios éticos que norman nuestra conducta. Diríamos que esta es la parte más práctica y final del estudio de la Biblia, y sin este contacto personal y directo con las necesidades de la gente, el estudio bíblico puede ser nada más que un ejercicio intelectual sin mucho valor.

4. Orar: Uno de los privilegios más grandes de ser parte de la Iglesia, es conformar la comunidad de sacerdotes para Dios. Aunque no sea una persona dotada con muchos dones, el impacto que puede producir en una vida mientras la discípula, puede ser enorme si toma tiempo para orar por ese hermano. Si no ejercemos el privilegio de llegar ante la presencia de Dios para interceder por el avance de la obra divina, por las necesidades de la gente y las propias, estamos desaprovechando una oportunidad única y creemos que tendremos que rendir cuentas por ello. A decir verdad, la vida de oración de una persona está en directa proporción con el nivel de vida espiritual que tiene, es decir, con la realidad de su fe.

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